FILOSOFÍA DE LO CIBERPUNK
De la CiFi a la teoría dura: el ciberpunk como comprensión del futuro inmediato
En las publicaciones académicas y en los departamentos de filosofía contemporánea, así como en las prospecciones teóricas de cualquier experto en Ciencia, Tecnología y Sociedad, el ciberpunk hace tiempo que dejó de ser considerado un mero subgénero de la ciencia ficción para ser tratado como una estrategia de aproximación a su objeto de estudio. Si seguimos de cerca las revistas especializadas en filosofía de la tecnología, posthumanismo y teoría crítica, encontraremos discusiones técnicas de alto nivel acerca del modo en que se está desenvolviendo la transición de la tardomodernidad o posmodernidad hacia algo nuevo y diferente para lo cual todavía no tenemos nombre, pero que va perfilando una serie de características que los escritores de ficción de los años ochenta y noventa como William Gibson o Bruce Sterling ya entrevieron de forma profética. Los especialistas actuales suelen articular esta “filosofía de lo ciberpunk” en tres grandes ejes teóricos:
1. La hiperstición y el aceleracionismo: el ciberpunk se estudia como el ejemplo por antonomasia de “hiperstición”. Este término, acuñado en los años 90 por la Cybernetic Culture Research Unit (CCRU) de la Universidad de Warwick (donde destacaron figuras como Nick Land y Sadie Plant), define aquellas ideas o ficciones que, al ser introducidas en la cultura, operan como bucles de retroalimentación causal y terminan por hacerse reales a sí mismas, a modo de profecías autocumplidas. En efecto, en las publicaciones actuales sobre el aceleracionismo (la teoría que propone acelerar procesos tecnológicos y sociopolíticos conflictivos para provocar un colapso sistémico y transitar así hacia un futuro posthumano o postcapitalista), el ciberpunk no es visto como una simple “predicción” del futuro, sino como un “artefacto” del futuro que está “hackeando” el presente para materializarse (de manos, ante todo, de las megacorporaciones tecnológicas actuales, que casi literalmente reproducen los zaibatsu tecno-políticos que describía William Gibson).
2. El posthumanismo crítico y el “rizomorfismo”: en diversas revistas académicas dedicadas a la bioética y la filosofía de la mente se emplean asiduamente tropos típicos del ciberpunk para discutir el final de las clásicas fronteras cartesianas. Aquí se cruzan dos conceptos fundamentales: a) las nuevas subjetividades posthumanas: la disolución de los límites entre el organismo biológico y las máquinas (esto es, convertirnos en ciborgs) se analiza bajo el prisma del “antihumanismo” o el “posthumanismo” (las diferencias son valorativas más que descriptivas). El ciberpunk sienta las bases para el escenario teórico que intenta prever lo que ocurre cuando la mente se fragmenta al externalizar la memoria o la cognición en soportes digitales. b) El rizomorfismo postestructuralista: inspirados en la obra de Deleuze y Guattari, los filósofos actuales describen la red o ciberespacio como una estructura no sólo tecnológica, sino mental y política, que carece de centro o jerarquía. Y, en consecuencia, la resistencia del hacker o de los creadores independientes de tecnología (licencias abiertas, trabajo colectivo, etc.) no se estudian como las rebeliones políticas decimonónicas, sino como una nueva forma de reorganización molecular socioeconómica.
3. Lo “sublime postmoderno” y el tardocapitalismo: en la estela del filósofo Fredric Jameson (uno de los primeros académicos en tomarse en serio el ciberpunk en los años 80), los expertos en teoría política y en estética discuten la arquitectura y el urbanismo actuales mediante el concepto clásico de lo sublime, ahora bajo el prisma de lo tecnológico. La tesis es que lo ciberpunk es la expresión cultural del tardocapitalismo globalizado; las megalópolis alienantes y los imparables flujos digitales del capitalismo financiero, que ya mueven la mayor parte del dinero mundial, representan fuerzas económicas tan infinitamente superiores al individuo y al control político colectivo que despiertan la misma mezcla de terror y fascinación que los filósofos del siglo XVIII como Kant o Burke atribuían a las fuerzas naturales desatadas; una paradójica atracción hacia algo más allá de toda medida, que amenaza con destruirnos.
En suma, para los entornos académicos más vanguardistas en la actualidad, el ciberpunk es un laboratorio conceptual perfecto; es el espacio especulativo en que la filosofía postestructuralista, la teoría de la información y la cibernética, y la economía política y los estudios culturales y tecnológicos se encuentran para intentar comprender las mutaciones que están dando forma a la nueva humanidad, o quizá posthumanidad, del siglo XXI.
D+D PUCHE DÍAZ son los hermanos David y Daniel Puche Díaz. DAVID (Madrid, 1979) es doctor en Filosofía por la UCM y profesor de dicha materia en la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Mérida (EASDM), profesión que combina con la literatura. DANIEL (Madrid, 1983) es licenciado en Filosofía y en Teoría de la Literatura por la misma universidad, y se dedica en exclusiva a tareas literarias y editoriales. Juntos han publicado varias novelas, entre las que destacan las series de fantasía contemporánea y terror Balada de los caídos o Jenkins & Sinclair. Investigadores de lo sobrenatural; también colecciones de relatos como El Evangelio digital o El Onirium. Asimismo cultivan la filosofía y el ensayo, géneros en los que han publicado títulos como Cristianismo sin Dios, Vivir en el desarraigo o Topología del mundo.
PAGINA DE AUTOR | LIBROS | MÁS TEXTOS
Por D+D Puche Díaz
Filosofía | 19-7-26
Añade D+D Puche Díaz a la pantalla de inicio de tu móvil (⋮) para no perderte ninguna entrada