LA “GRAN SALUD” NIETZSCHEANA
Del agón al acoplamiento con el mundo
Más allá de sus características estrictamente biológicas, para Nietzsche la vida es ante todo una forma particularmente desarrollada y compleja ‒como la inteligencia sólo es un grado adicional‒ del flujo o dinamismo que constituye la totalidad de lo real, y que él entiende como voluntad de poder: una inagotable fuerza expansiva, una tensión inherente a la existencia que busca autoafirmarse, superar toda resistencia y desarrollar su potencia en un agón o lucha constante. Desde este punto de vista ontológico (que amplía la noción de voluntad schopenhaueriana), y no ya meramente biológico, la vida no se limita a buscar la supervivencia ‒es la crítica que Nietzsche hace a Darwin‒, sino que aspira a la intensificación de su propio impulso interno.
De esta concepción agónica de la existencia surge una reinterpretación radical de los conceptos de salud y enfermedad. Según Nietzsche, la salud no es la ausencia de patologías ni un estado estático de equilibrio o armonía (homeostasis); la “gran salud” (noción que aparece por vez primera en La gaya ciencia, § 382) es la capacidad de asimilar el conflicto, de integrar el dolor y someter la resistencia del entorno para transformar lo disperso y enfrentado en una forma superior de organización. La enfermedad, por el contrario, aparece cuando el organismo no es capaz de integrar la multiplicidad, de modo que se repliega sobre sí mismo o se fragmenta y, en cualquier caso, rechaza el combate con lo circundante, evidenciando su agotamiento vital. Esto no hace de la enfermedad algo siempre y únicamente malo, pues, por el contrario, la verdadera salud sólo se alcanza tras atravesar y metabolizar el “gran sufrimiento”; lejos de huir del dolor o de pretender eliminarlo, el organismo pujante lo emplea como estímulo para la vida.
Si llevamos esta intuición nietzscheana al paradigma informacional de la realidad, la voluntad de poder deja de mostrarse solamente como un conflicto biológico o metafísico para hacerlo como la dinámica de un sistema abierto que lucha contra la entropía; es decir, que se trata de la capacidad de un individuo o colectivo para soportar cambios y grandes tensiones. Y así, la salud sería la tendencia de los patrones informativos a mantener, complejizar y expandir sus canales de acoplamiento con la estructura del universo. Podemos, por lo tanto, desde esta perspectiva ontológica, redefinir la salud y la enfermedad en términos informacionales:
La enfermedad consiste en una baja conectividad con el medio circundante y, consecuentemente, en el aislamiento entrópico; un sistema enfermo es aquel cuyos canales de intercambio con el entorno se han contraído o atrofiado ‒no producen intercambio, o lo hacen de modo deficitario‒. Es un estado de rigidez o “ruido” interno. Cuando un organismo ‒o una mente, o un colectivo‒ reduce su flujo energético o informacional (ya sea por colapso biológico, repliegue psíquico o fijación ideológica), pierde la capacidad de procesar, en términos fisiológicos o termodinámicos, la complejidad de lo real. De tal manera, el aislamiento informacional acelera la entropía: el sistema se vuelve progresivamente insensible a las variaciones del entorno, incapaz de asimilar los datos que recibe; en última instancia, se encamina hacia la desconexión ontológica y/o a su muerte.
La salud, por el contrario, consiste en una alta conectividad con el medio y en una máxima receptividad e integración en el tejido de lo real. Estar “sano”, en términos informacionales, significa ser capaz de mantener ese “acoplamiento”; de sostener un flujo de datos denso y de alta fidelidad con el entorno ‒en cualesquiera modos de relación con él‒ y de jerarquizar y priorizar ese flujo sin dejarse afectar por el ruido. Es la aptitud para “resonar” con las circunstancias, asimilando tanto la información estructurada como las novedades o perturbaciones para retroalimentar funcionalmente el propio sistema.
En este marco teórico, hay algo que Nietzsche apenas esboza y que supone una importante aportación a los conceptos de “vida” y de “salud” tal y como han quedado definidos, y es el amor como modo de apertura e intercambio del individuo/sistema con lo envolvente. Lo dicho anteriormente lleva a redefinir el amor no sólo como un mero sentimiento subjetivo o un impulso libidinal, sino como la manifestación suprema de ese estado de “gran salud” o “salud ontológica”.
El amor, en términos de teoría de la información, sería el estado de máxima conectividad, apertura y coherencia con lo circundante. Amar la realidad en cuanto tal ‒la afirmatividad total que Nietzsche expresó poéticamente como el amor fati‒ implica la disolución de las interferencias informacionales defensivas que nos impiden relacionarnos plenamente con el mundo. Supone decir “sí” a la existencia, incluyendo sus contradicciones, heridas, pérdidas y riesgos, etc., sin caer en el resentimiento que aísla y esclerotiza al sistema. Es la disposición de un nodo consciente a entrelazarse de forma profunda y transmisivamente fiel con la red en la que integra, en sus diversos grados de proximidad (esto es: con las entidades con que establece flujos informacionales directos, con aquellas con que puede mantener algún flujo de intercambio secundario, o con la totalidad del campo informacional). El ideal de salud sería, en última instancia, el amor entendido como el acoplamiento informacional más denso, fluido y generativo posible con la realidad.
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D+D PUCHE DÍAZ son los hermanos David y Daniel Puche Díaz. DAVID (Madrid, 1979) es doctor en Filosofía por la UCM y profesor de dicha materia en la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Mérida (EASDM), profesión que combina con la literatura. DANIEL (Madrid, 1983) es licenciado en Filosofía y en Teoría de la Literatura por la misma universidad, y se dedica en exclusiva a tareas literarias y editoriales. Juntos han publicado varias novelas, entre las que destacan las series de fantasía contemporánea y terror Balada de los caídos o Jenkins & Sinclair. Investigadores de lo sobrenatural; también colecciones de relatos como El Evangelio digital o El Onirium. Asimismo cultivan la filosofía y el ensayo, géneros en los que han publicado títulos como Cristianismo sin Dios, Vivir en el desarraigo o Topología del mundo.
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Por D+D Puche Díaz
Filosofía | 26-9-26
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